Azul Montoro tenía 24 años cuando un cliente la mató salvajemente mientras ejercía la prostitución en Córdoba capital.

17 puñaladas y una videollamada de WhatsApp: el brutal crimen de una joven trans que será juzgado como femicidio

Azul, de 24 años, oriunda de Villa Mercedes, San Luis, se había ido hace ya varios años de su provincia en busca de un mejor lugar donde ganarse la vida a través del trabajo sexual, como deben hacerlo casi de manera forzosa la gran mayoría de mujeres trans.

Antes de salir a encontrarse con un cliente, Azul les había dicho a sus compañeras que cerca de las 3 de la mañana necesitaba que el departamento estuviera libre para poder trabajar ahí, por eso Maina decidió irse a lo de Tatiana a terminar de maquillarse para la noche y le avisó con un mensaje a su amiga que ya podía usarlo. "Ok, reinu", le contestó ella.

A las cinco de la mañana, cuando Maina llegó al departamento de la calle Rincón al 100 se encontró con la puerta abierta, las llaves puestas del lado de adentro. Pensó tal vez que Azul estaba con alguien y que no se había dado cuenta que la puerta no se había cerrado bien. "Amiga, ¿estás ocupada?", gritó. Nadie contestaba desde adentro. Bianca, la caniche toy de Lara, lloraba.

Cuando se acercó a la habitación, vio adentro el cuerpo sin vida de Azul tirado en el suelo sobre un charco de sangre junto a la cama, que también estaba completamente revuelta y ensangrentada. Abajo de una silla, la perrita Bianca, asustada, perdía también mucha sangre. Maina salió a la calle presa de un ataque de nervios y se encontró con otras compañeras que esperaban clientes en esa zona: "Me la mataron, me la mataron a Azul", gritaba.

Azul fue asesinada con 17 puñaladas y un golpe en la cabeza. Azul fue asesinada con 17 puñaladas y un golpe en la cabeza.

A partir de ese momento, las sospechas de los investigadores se centraron en un hombre que esa noche había deambulado por la zona y había sido visto con ella. Fabián Alejandro Casiva, de 23 años, con domicilio en Córdoba capital, era una cara conocida en esas esquinas, un cliente habitual. Algunas de las trabajadoras sexuales que fueron citadas por la Justicia declararon que Casiva iba a pedirles fuego o cigarrillos, que siempre tenía aspecto de estar drogado, que nunca tenía más de 200 pesos encima y que cuando era rechazado por las chicas se ponía muy agresivo e insistente.

"Ella era selectiva con los clientes. No se iba con ningún borracho ni nada, se fijaba bien", declaró una de ellas. Los relatos de sus amigas y compañeras coincidieron en queAzul tenía muchos clientes y "podía darse el lujo de rechazar". Por eso, cerca de Azul sospechan que tal vez él la engañó y le ofreció más dinero del que tenía en el bolsillo para irse con ella.

Como Azul cobraba por adelantado, creen que tal vez discutieron cuando llegaron al departamento y que ahí fue que Casiva, de acuerdo a la imputación en su contra, la apuñaló 17 veces con un cuchillo que tenía consigo, la golpeó en la cabeza, le cortó la oreja a la perra que no paraba de ladrar, robó un poco de dinero y el celular y huyó.

Ese jueves, la policía de Córdoba lo encontró a Casiva en el Hospital Neuropsiquiátrico Provincial, donde había estado internado anteriormente y de donde se había fugado. Allí, le dijo a los médicos que quería internarse por sus problemas con la droga, que su mamá se lo había pedido. La policía lo revisó y le encontró encima varias pastillas, un encendedor, el teléfono de Azul y dos billetes de 100 pesos con manchas de sangre

A pesar de que Azul era transgénero, su documento la identificaba como mujer y el crimen, consideró el fiscal Guillermo González, a cargo de la investigación del caso, el crimen fue cometido con odio hacia esa condición. Se trata de la primera vez que se aplica este agravante en el crimen de una mujer transexual en esa provincia, ya ocurrió en la Justicia porteña con el crimen de Diana Sacayán antes de que se aplicara la figura de travesticidio. La pena máxima que prevé es prisión perpetua.

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