La red es un ámbito donde la violencia puede ejercerse, pero también desde donde se la puede combatir. Cuatro casos exitosos muestran cómo lograrlo.
Internet como espacio general y las redes sociales como territorios cotidianos pueden ser el escenario ideal para el ejercicio de la violencia, pero también pueden verse como el recurso para poder salirse de esa situación, para informarse y defenderse. Es por esto que se creó la TAG.
#TAG2019, el Primer Encuentro de Monitoreo de la Violencia de Género en Redes Sociales. La sigla TAG refiere a Tecnología, Adolescentes y Género e integra la Iniciativa Spotlight, que surge de una alianza entre la Unión Europea y Naciones Unidas con el objetivo de prevenir, atender y sancionar la violencia contra las mujeres y las niñas en todo el mundo.
En Argentina, realizan acciones con foco en las provincias de Salta, Jujuy y Buenos Aires debido que allí se registra la mayor tasa de femicidios o bien el mayor número absoluto. Por esto, en este primer encuentro se dio participación a cuatro distintas experiencias de trabajo con adolescentes en redes sociales.
Nicolás Ferrario, guionista de Talk2U, contó la experiencia en Argentina de una ficción por chat, una campaña de alto impacto social realizada con el apoyo de UNICEF en varios países del mundo. El nombre técnico del tipo de emprendimiento es el de “chatbot”, como el que usan los bancos o grandes empresas, pero aquí no aparece un empleado dando instrucciones a un cliente sino una adolescente de 19 años, llamada Nati Luetto, a quien su novio acaba de traicionar viralizando un video íntimo en redes.
“Los mayores podríamos compararlo con una versión online de 'Elige tu propia aventura'. La diferencia es que Nati, mediante esta posibilidad que brinda la inteligencia artificial, responde al diálogo que le plantee el adolescente que decide seguir su historia mediante una plataforma de chat como el Messenger. Nati puede enviar fotos, audios. Y así será durante tres días, que es el tiempo en el que se extiende esta historia”, detalla.
Ferrario explica que desde el primer momento los adolescentes saben que no se trata de un personaje real sino de una ficción pero que aun así, 9 de cada 10 participantes respondieron que les resultó como estar hablando con una amiga y que 8 de cada 10 afirmaron haber aprendido cómo manejarse ante una situación similar. La campaña, que en nuestro país se llamó Proyectos Íntimos, tiene como objetivo “el desvío positivo de la conducta; es decir, un cambio real de comportamiento”.
Aplicaciones que duplican perfiles o copian plataformas de chats, así como otras herramientas que posibilitan esconder fotos y videos de la vigilancia de los padres, son parte del saber de un adolescente promedio. Sin embargo, las palabras “soledad” y “angustia” aparecen en los talleres que brinda a los jóvenes la fundación Faro Digital, en los que justamente surge la necesidad de sentirse acompañados por una figura adulta
“En situaciones de violencia, las redes sociales pueden ser un callejón sin salida durante las 24 horas del día”, grafica Nayla Procopio de Red Nac (Red Nacional de Jóvenes y Adolescentes para la Salud Sexual y Reproductiva) y comenta la repercusión que obtuvo de los talleres “No comamos perdices, derribando mitos para noviazgos sin violencias”, que coordinó junto a FEIM (Fundación para el Estudio e Investigación de la Mujer). “En primer lugar, no podemos pensar las relaciones adolescentes en términos de parejas sino de muchas otras variantes. Por otro lado, entender que es usual que los más jóvenes se comuniquen mediante 'historias', que son contenidos que desaparecen en 24 horas, justamente para que no quede luego un registro”, señala.
“En nuestra campaña, que se llamó #QuéOnda, no quisimos recurrir a la típica imagen de la chica con el ojo morado ni tampoco poner al varón en el lugar del monstruo. Nos dirigimos a una población de 15 a 20 años y precisamente buscamos que el maltrato y el acoso online, que en muchos casos se naturaliza, se resignifique como violencia”, señala Lucila Trufo de la Asociación Civil Trama. “Descalificación, humillación e indiferencia; descubrimos que a muchos adolescentes les costaba internalizar estas situaciones que vivían dentro de las redes sociales como violencia de género. Ayudarlos a identificar estos casos y escapar de esa naturalización fue nuestro trabajo”, resumió.