El diputado nacional Sebastián Galmarini salió a marcar posición con dureza tras conocerse un informe del Banco Central que expone un deterioro fuerte en las finanzas de los hogares: la mora en créditos personales alcanzó el 11 por ciento en noviembre, el nivel más alto desde que el indicador se mide en 2010.
A través de sus redes, Galmarini sostuvo que “esta es la peor foto que muestra como están sufriendo las familias argentinas”, y apuntó contra la mirada “de microscopio” con la que, según planteó, se suelen presentar ciertos datos económicos. “Muchas veces publicitan indicadores importantes, pero que miran la realidad a través del microscopio”, escribió, y agregó que “ampliar el foco y tener una mirada integral, ayuda a comprender mejor los procesos históricos”.
Esta es la peor foto que muestra como están sufriendo las familias argentinas.
— Sebastian Galmarini (@SebasGalmarini) January 24, 2026
Muchas veces publicitan indicadores importantes, pero que miran la realidad a través del microscopio.
Ampliar el foco y tener una mirada integral, ayuda a comprender mejor los procesos históricos. https://t.co/STxog2EbRm
El dato que citó remarca que el problema no se limita a un solo tipo de financiamiento. Según el informe del BCRA, la mora en tarjetas de crédito subió al 8,4% y, de acuerdo a la evolución registrada, se sextuplicó en un año, reflejando un escenario donde el consumo cotidiano se sostiene cada vez más con deuda, pero con menor capacidad de pago.
En el caso de los préstamos a hogares, la irregularidad total también mostró un salto: llegó al 8,8 por ciento, impulsada principalmente por el deterioro en las asistencias destinadas al consumo, la línea que suele ser la primera en romperse cuando el salario deja de alcanzar.
El contraste con el sector corporativo es marcado. Mientras las familias acumulan mora récord, en el segmento empresarial la irregularidad trepó al 2,3 por ciento, muy por debajo de los niveles que se observan en los hogares.
La reacción de Galmarini se dio en un contexto donde los indicadores financieros ya no funcionan como un dato técnico aislado, sino como una radiografía social: cuando la deuda se vuelve impagable, el ajuste empieza a aparecer en el lugar más sensible, la vida diaria de las familias.