Ivó Kestler marcó un gol para Arsenal y protagonizó un festejo cargado de emoción al taparse el ojo derecho en homenaje a “Tuertito”, el gato que durante años vivió en el predio del club de Sarandí. El gesto tenía una historia detrás y respondía a una promesa que el delantero había hecho apenas días antes.
El joven futbolista había construido una relación especial con el animal durante sus jornadas de entrenamiento. Cada vez que llegaba o se retiraba del predio, Kestler se acercaba para acariciarlo, convirtiendo esos encuentros en una pequeña rutina compartida.
Tras la muerte del gato, mencionado en el relato también como Tatú, el delantero decidió hacerle una promesa: si conseguía convertir un gol, lo festejaría cubriéndose el ojo derecho como referencia a la característica que le había dado el apodo de “Tuertito”.
No tuvo que esperar demasiado para cumplirla. Una semana después convirtió y, en pleno festejo, llevó una mano hasta su rostro y se tapó uno de los ojos, transformando el gol en un último homenaje para su compañero habitual de los entrenamientos.
El gesto terminó contando mucho más que el resultado de un partido. Para Kestler fue una manera de recordar públicamente a un animal que había acompañado durante años la vida cotidiana del club y con el que había construido una amistad fuera de la cancha.