Una carrera de desafíos y aprendizajes

Ivo Kestler, entre el sueño de debutar en Primera, la experiencia en el exterior y un objetivo claro: ascender con Arsenal

Ivo Kestler, delantero de Arsenal de Sarandí, repasó su trayectoria profesional, sus experiencias en el exterior y su objetivo de conseguir un nuevo ascenso.
Ivo Kestler, delantero de Arsenal de Sarandí, repasó su trayectoria profesional, sus experiencias en el exterior y su objetivo de conseguir un nuevo ascenso.

El delantero de Arsenal de Sarandí Ivo Kestler repasó su camino desde las inferiores de Tigre hasta su recorrido por el fútbol colombiano y ecuatoriano. En una charla que combinó recuerdos, aprendizajes y objetivos, habló de su debut en la Copa Libertadores ante Palmeiras, las dificultades de jugar en el ascenso y la historia de Tatú, el gato que convirtió en amigo y al que homenajeó con un festejo.

Hay momentos en la carrera de un futbolista que quedan grabados para siempre. Un debut, un gol esperado durante mucho tiempo o una experiencia lejos de casa pueden convertirse en recuerdos que acompañan al jugador durante toda su vida. Para Ivo Kestler, delantero de Arsenal de Sarandí, el camino hacia el fútbol profesional estuvo marcado por la perseverancia, la adaptación y la convicción de seguir adelante, incluso cuando las oportunidades parecían lejanas.

Sus primeros pasos fueron en Rafaela, su ciudad natal, donde comenzó a jugar al fútbol desde chico. Sin embargo, el sueño de llegar a Primera lo llevó a tomar una decisión que cambiaría su carrera: dejar su lugar de origen para probar suerte en las inferiores de Tigre.

A los 15 años, Kestler comenzó a buscar una oportunidad en un club con inferiores de AFA. Después de realizar distintas pruebas, encontró su lugar en el Matador y, en 2015, inició una etapa fundamental para su formación como futbolista.

“Cuando llegué, fue un poco grande el choque de Rafaela acá. Se veía otro tipo de jugadores y me tuve que adaptar”, recordó.

El cambio no fue solamente geográfico. Kestler se encontró con un fútbol más rápido y técnico, en el que tuvo que incorporar conceptos tácticos y perfeccionar distintos aspectos de su juego. Año tras año, fue creciendo en las divisiones inferiores y en Reserva hasta acercarse a la posibilidad que tanto había esperado: debutar en Primera División.

Un debut internacional que quedó para siempre

El recorrido hacia el profesionalismo no fue lineal. Después de una primera oportunidad de entrenarse con el plantel superior, Kestler debió regresar a las categorías formativas. Esa situación le generó incertidumbre, aunque no modificó su objetivo.

Una nueva convocatoria después de la pandemia lo encontró con mayor madurez y con la sensación de estar más cerca de dar el salto definitivo.

La oportunidad llegó en un escenario que difícilmente hubiera imaginado cuando comenzó a jugar en Rafaela: su debut se produjo en la Copa Libertadores, frente a Palmeiras, en Brasil.

“Era una alegría enorme. Era como todo muy irreal, porque sea en Copa Libertadores, contra Palmeiras y en Brasil, era mucho para lo que estaba viviendo”, contó.

Lejos de quedarse solamente con lo ocurrido dentro de la cancha, el delantero conserva cada detalle de aquella experiencia: el viaje, la concentración, el estadio y el vestuario.

“Son momentos que no se olvidan. Tengo todo fresco porque lo que busqué fue disfrutarlo”, explicó.

Aquel debut representó mucho más que cumplir un sueño. También le permitió entender que, para consolidarse en Primera, necesitaba continuidad y minutos de juego. Por eso, comenzó una etapa de préstamos que lo llevaría a conocer diferentes realidades del fútbol argentino.

El ascenso como escuela de aprendizaje

Comunicaciones, Colegiales y Los Andes fueron algunos de los clubes que marcaron su recorrido. En cada experiencia encontró herramientas para seguir creciendo, asumir mayores responsabilidades y construir su identidad como delantero.

En Comunicaciones llegaron sus primeros goles; en Colegiales encontró uno de los períodos más productivos de su carrera, mientras que en Los Andes pudo vivir la experiencia de un ascenso.

“Creo que me terminé de formar como jugador. Es otro roce, otro protagonismo que uno tiene en un plantel de Primera. Eso fue lo que terminó de curtir”, analizó.

Su paso por Colegiales dejó una enseñanza particular: la importancia de la continuidad para un delantero.

Kestler explicó que contar con minutos desde el comienzo de la temporada fue determinante para encontrar regularidad frente al arco rival. Los primeros goles le dieron confianza y le permitieron mantenerse en el equipo.

“Lo más importante fueron los minutos. Estar siempre en cancha de arranque durante todo el año te lleva a que uno haga más goles”, sostuvo.

Esa etapa también le permitió comprender una de las dificultades menos visibles del fútbol de ascenso: la necesidad de convivir con la incertidumbre económica. Para el atacante, las diferencias entre las categorías no se limitan a lo deportivo. La estabilidad de los clubes y la posibilidad de dedicarse exclusivamente al fútbol también influyen en el rendimiento.

“Muchas veces hay situaciones que te llevan a estar atento a otras cosas, en los pagos, en ver si uno va a llegar bien a fin de mes y si el club tiene dificultades”, explicó.

En ese contexto, destacó que los clubes ordenados pueden marcar una diferencia importante, porque permiten que los futbolistas concentren su energía en entrenar y competir.

Detrás de cada partido hay una realidad que no siempre se ve: la estabilidad, las obligaciones familiares y la incertidumbre económica también forman parte del recorrido de muchos jugadores del ascenso.

Colombia y Ecuador: jugar lejos de casa

El recorrido de Ivo también lo llevó a probar suerte en el exterior. Su primera experiencia fue en Colombia, donde jugó para Envigado y Real Cartagena, antes de continuar su carrera en Ecuador.

“Tenía muchas ganas de irme afuera y cuando salió lo de Colombia, que era Envigado, una Primera División, ni lo dudé y fui para allá”, recordó.

Sin embargo, la adaptación no fue fácil. La distancia de su familia, las diferencias culturales y la necesidad de afrontar los momentos complicados lejos de casa fueron los principales desafíos.

“Yo pensé que iba a ser más fácil, como venía del interior y estaba viviendo solo en Buenos Aires. Uno cree que es lo mismo y no”, reconoció.

El futbolista encontró diferencias entre ambos países y Argentina. Según su mirada, en Colombia y Ecuador predominan más las individualidades y las condiciones físicas, mientras que en el fútbol argentino adquiere mayor importancia el aspecto táctico.

Pese a las dificultades, Kestler valora lo aprendido y no descarta volver a jugar fuera del país. “Me gusta eso de el día de mañana mirar para atrás y tener la experiencia de vivir en diferentes países”, afirmó.

Arsenal y la ilusión del ascenso

Hoy, su presente está en Arsenal de Sarandí, donde llegó convencido por la historia del club y el objetivo de devolverlo al lugar que considera que le corresponde.

“La historia que tiene Arsenal, sabía que iba a ser un equipo que quería volver a donde pertenece, entonces sinceramente no lo dudé”, contó.

Esta temporada pasó por diferentes etapas: comenzó jugando, sufrió un desgarro, perdió protagonismo y logró recuperar su lugar. Ahora tiene la mirada puesta en el tramo decisivo del campeonato.

“Queda la última parte y la más importante del torneo. Quiero estar ahí presente con mis compañeros para poder ayudarlos”, aseguró.

Aunque también se plantea objetivos personales como delantero, tiene claro cuál es la prioridad: conseguir el ascenso con Arsenal.

“El objetivo es ascender. A un jugador también lo jerarquiza ascender y este sería el tercero si se da. Ese es el principal objetivo; después, los goles, si ayudan, mucho mejor”, explicó.

Tatú, una historia que trascendió el fútbol

Kestler construyó un vínculo especial con Tatú, un gato que recorría las instalaciones de Arsenal y al que tanto él como sus compañeros le habían tomado cariño.

Su fallecimiento lo afectó especialmente, ya que incluso había pensado en llevarlo a su casa. Por eso, decidió homenajearlo de una manera particular: prometió taparse un ojo al festejar un gol, en referencia a la particularidad que tenía el animal en uno de sus ojos.

Cuando finalmente lo hizo, el gesto tuvo una repercusión que nunca había imaginado.

“No tenía ni idea de que iba a tener la repercusión que tuvo. Fue más que nada un gesto íntimo”, explicó.

La historia tuvo una continuación: Kestler adoptó a la otra gatita que vivía en el predio y hoy comparte su hogar con ella.

Más allá de lo emotivo del episodio, el delantero también reflexionó sobre la exposición de los futbolistas y el impacto de las críticas en las redes sociales.

“Cuando eso llega a los ojos del jugador o de la familia, le afecta. No terminan siendo personas que están blindadas contra todas esas críticas o esos insultos”, sostuvo.

“Se habla más de dos jugadas que de toda una carrera. Y eso es injusto”, afirmó.

Para Kestler, detrás de cada futbolista hay una persona con sentimientos y una vida que va mucho más allá de lo que sucede dentro de la cancha. Su homenaje a Tatú permitió mostrar justamente esa otra cara del deporte.

Al recordar sus primeros pasos en las inferiores de Tigre, Kestler no encuentra grandes motivos para arrepentirse. Reconoce que quizás podría haber tomado algunas decisiones diferentes, pero también entiende que cada experiencia fue parte de su formación.

“De lo que dependía de mí, en cuanto a entrenamiento, disciplina y pensamiento, siempre hice lo que estuvo a mi alcance para ser el mejor jugador que pueda ser”, aseguró.

Hoy, después de debutar en la Copa Libertadores, recorrer distintos clubes y vivir experiencias internacionales, sigue persiguiendo nuevos objetivos. El más inmediato es recuperarse y ayudar a Arsenal a conseguir el ascenso.

Al pensar en aquel chico que comenzaba a soñar con ser profesional, su consejo es tan sencillo como significativo:

“Le diría que siga para adelante, si en algún momento tuvo alguna duda, que siga hasta el final porque vale la pena”.

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