Joaquín Furriel abrió su corazón en el programa Otro día perdido, que conduce Mario Pergolini, al recordar dos episodios que marcaron su vida: una fractura jugando con su hija y, poco después, un accidente cerebrovascular (ACV) que lo obligó a frenar y repensar todo.
“Fue bravo”, resumió el actor al referirse a 2015, un año difícil en lo personal. Contó entre risas que la fractura fue “insólita”: se cayó de la cama mientras jugaba con su hija y se quebró una vértebra. “Le actué todo para que no se asustara”, dijo con humor. Aunque el dolor era intenso, se esforzó por mantener la calma frente a la nena y continuaron “comiendo pizza como si nada”.
Ese accidente lo obligó a usar un corset durante varios meses, pero no interrumpió sus compromisos laborales. Sin embargo, el episodio más impactante vendría después: un ACV a bordo de un avión, mientras regresaba de vacaciones. “Sentí medio cuerpo dormido y no entendía qué pasaba”, relató. El diagnóstico llegó en el hospital y marcó el inicio de una etapa de rehabilitación física y emocional.
Más allá del miedo lógico por su salud o su carrera, Furriel reveló cuál fue su temor más profundo: “Lo primero que pensé fue en mi hija. No me podía ir, no podía dejarla sola”.
Hoy, con aquella etapa superada, el actor dice haber aprendido a vivir con más consciencia. “Valoro más los momentos en familia y entendí que nada está garantizado”, cerró.