También, se los conoce como la Generación Z o post-millennials. Se encuentran en la adolescencia o en los veintipico, y no conciben el mundo sin conexiones. Planifican, son prácticos y realistas. Con la tecnología como estandarte, sus formas de consumir están atravesadas por la tendencia del review: buscan avales, referencias de sus pares. Y tienen en su vida cotidiana y sus salidas una amplia y particular lista de gastos.
Se trata de compras que, en algunos casos, solventan con sus primeros trabajos; y en otros, financian con ayuda de sus padres. Consumos que, además, de manera creciente, se originan desde sus teléfonos celulares.
"El empoderamiento es un rasgo que define a la generación Z. Con el smartphone como el centro de sus vidas, el multitasking es un hábito cotidiano que marca cómo se vinculan con el consumo", explica Mariela Mociulsky, directora general y socia fundadora de la consultora Trendsity.
Por ejemplo, al comprar comida, aplicaciones de delivery como PedidosYa, Glovo y Rappi se destacan entre las preferidas. "Aboné una suscripción mensual de $ 200 para tener envíos gratis. Así que cada vez que tengo hambre o necesito alguna cosa del super, lo uso sin problema", revela uno de los jóvenes encuestados.
En cambio, otros afirman sólo hace encargos si ve una promoción, para evitar el costo de la entrega sumado al de la propina. En caso de tratarse de fast food, el costo para un pedido estándar ronda los $ 350.
A la hora del entretenimiento, los que ganaron terreno en esta generación, casi hasta volverse imprescindibles, son los servicios de streaming para escuchar música -como Spotify y YouTube Music- y para mirar series y películas -como Netflix, HBOGO y Flow-.
El traslado es otro de los costos que afrontan, y también las apps se instalaron como intermediarios predilectos. La tarifa de Uber o Cabify varía conforme a la demanda, el día, el recorrido y el clima. Aun así, usualmente se abona alrededor de $ 200 y $ 300 por viaje. Si es más largo, unos $ 500.
Según los encuestados, emplean Uber sólo si la distancia es importante; caso contrario, prefiere caminar o tomar un colectivo. “Te salvan en todo momento, pero los precios no siempre son accesibles. Los destinos cercanos terminan siendo más costosos que los lejanos” aseguran.
Según los testimonios, hoy una salida puede costar entre $ 500 y $ 600; el ingreso a un boliche son $ 300; la entrada al cine (sin promociones) con pochoclo y una bebida, alrededor de $ 700, con diferencias según las ciudades
Pero los costos también pueden ser bastante mayores. Una noche promedio en un boliche o bar de Capital hoy les cuesta entre $ 1.000 y $ 1.500. Todo varía según la cantidad de alcohol que deseen consumir.