Vivía en una casa muy precaria, estudió y es el primer vecino del Barrio 31 que se recibió de arquitecto: "No quiero ser el único"

César Sanabria de 37 años tuvo una infancia humilde. A los 12 años comenzó a trabajar ayudando a su padre albañil. Con mucho esfuerzo logró estudiar y empezó la carrera en 2012. Días atrás le llegó el resultado de la última materia, que rindió por zoom. Ahora quiere tener el título para cambiar la realidad de su barrio, uno de los más carenciados.

En las últimas horas, en el corazón del Barrio 31 de la Capital Federal, César se convirtió en colega de personas que tuvieron mejores oportunidades: ya es arquitecto. Es el primer profesional de su familia y el único de la villa que obtuvo ese título.

Mucho antes de concretar ese sueño, César, junto a su padre Ofelio, construyó su sencilla vivienda. Sin piso, ni baño ni cocina. Mucho menos, calefacción. Algunos ladrillos, un poco de trabajo de mampostería, cartón y chapa completaron el hogar. En un mismo ambiente creció junto a su madre Ramona y su papá. Hasta que nació su hermana Miriam de 33 años.

“Vivimos varios años en la portería de un edificio en Palermo donde laburaba mi viejo. En 1986 surgió la oportunidad de comprar un lote y nos asentamos en estas tierras”, le contó a los medios. “Hoy el barrio es un lujo en comparación a cuando llegamos, todo era mucho más precario”, relató recordando aquellos tiempos.

Ofelio siempre fue el único sostén de la familia. Si bien Cesar pudo ir a la escuela, a los 12 años debió salir a trabajar para sostener a su mamá y su recién nacida hermana. ”Mi viejo fue quien me metió en el mundo de la construcción. Ahí nació mi amor por el diseño. No solo eso, me dio conocimiento y además una salida laboral”.

Cuando don Ofelio falleció, Cesar tenía apenas 16 años y estaba terminando el colegio secundario. Más que nunca, sus changas se hicieron vitales para ayudar en su casa. Pero a medida que cumplía años, sus sueños también crecían.

César buscó reforzar todos sus conocimientos empíricos, darles un marco académico, y decidió anotarse en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires. Arrancó en 2012. Y hoy en plena pandemia, después de mucha dedicación y esfuerzo obtuvo el título de arquitecto. “Tenemos médicos, abogados, pero aún somos pocos profesionales en el Barrio. Por ahora soy el único arquitecto. Quiero que seamos muchos más”, relató con muchísimo estusiasmo.

El 19 de mayo rindió la última materia -Dirección y Legislación de Obra- de las 37 que comprende la carrera. Algo nervioso, otro poco ansioso, y aislado por contacto estrecho con una persona con COVID-19, se sentó a rendir por Zoom. “Soy el primero de la familia en convertirme en profesional, me da orgullo poder haberlo completado. Me puse muy feliz de haber llegado a la meta propuesta”.

Su madre, Ramona, fue su gran motor. “Si bien la educación es pública, cuando sos pobre tenés que tener un sostén económico. Mi madre salió a trabajar como empleada doméstica para que yo no necesite trabajar en los momentos más ásperos de la carrera. Quiero retribuirle todo el sacrificio. Sin ella, hoy no estaría acá. Sé que mi viejo también estaría muy orgulloso”, dice emocionado.

Otro obstáculo que debió sortear es el prejuicio social por pertenecer a un barrio vulnerable. “Si bien hay más de 35 mil estudiantes de diversos contextos, son pocos los que saben mi origen y preferí preservarme”, admite.

Comentarios