La dura lucha de la mamá de Úrsula Bahillo: "Me levanto cada día para que el femicida tenga perpetua, que no salga más"

Patricia Nasutti hizo tratamientos durante 10 años para quedar embarazada, era su única hija. La joven de 18 años fue asesinada a puñaladas en febrero por el exnovio, el policía Matías Ezequiel Martínez, que tenía denuncias previas por violencia de género.

El frente de la casa de Rojas está cubierto por su foto y carteles que reclaman justicia. No hace falta tener la dirección exacta para saber que acá vivió Úrsula Bahillo. Su madre, Patricia Nasutti, los repone constantemente. Los prepara de noche en el suelo del living en el espacio que quedó libre entre el sillón y la moto que usaba su hija, ahora estacionada adentro y tapada con una sábana.

La casa también se puede reconocer por los autos que están en la puerta: uno es de la custodia de la Policía Federal. Desde el Poder Ejecutivo consideraron que debían ser cuidados. El otro es del papá de Úrsula y tiene las marcas de los 52 disparos de goma que salieron de la comisaría la noche que encontraron el cuerpo de su hija. Adolfo Bahillo lo había dejado estacionado ahí y volvió a buscarlo después de la protesta en la que él no participó.

El asesino de su hija había trabajado en esa comisaría hasta el femicidio el 8 de febrero. Tenía denuncias previas por violencia, una sospecha de abuso, órdenes de restricción y hasta un llamado a indagatoria. Pero Matías Ezequiel Martínez seguía libre en las calles de la ciudad bonaerense de Rojas, apenas con una licencia psiquiátrica. A Úrsula no le dieron medidas de protección ni botón antipánico.

Por su parte, la mamá de Úrsula la esperó 10 años, se sometió a varios tratamientos y estuvo internada durante todo el embarazo hasta el día del parto. Úrsula era su única hija. “Voy por la reclusión perpetua, que no salga más. Por eso me levanto todos los días”, aseguró.

Tres meses después del crimen la justicia le devolvió el teléfono de su hija. Esperaba encontrarlo vacío pero el contenido estaba intacto: chats en los que Úrsula pidió auxilio, fotos que se sacó para documentar los golpes de su expareja.

Patricia y su marido supieron de la violencia recién el 9 de enero: un amigo de su hija los buscó en el negocio familiar y les contó lo que Úrsula no les decía. Patricia fue a buscar a Martínez, se presentó también en la comisaría. Las denuncias que no le tomaron se suman, patéticas, a la pila de pedidos que hizo la víctima antes de un crimen anunciado y absolutamente evitable por un Estado y un municipio ausentes.

Patricia dejó de comer. Desde el femicidio de Úrsula en febrero perdió 38 kilos. “Y seguiré adelgazando, no sé”, afirmó mientras explicó que lo único que quiere para su vida es justicia por su hijita

Comentarios