Sociedad

Una mirada sobre el "stalkeo"

En Homo selfie, el psicoanalista y escritor Martín Smud reflexiona sobre el impacto en la vida cotidiana del celular, su cámara y las redes sociales. Aquí, como adelanto, el capítulo "Estoqueándote antes de conocerte".

Cada vez que ocurre la posibilidad de un encuentro, primero lo estoqueás. Antes de conocerlo te preguntás si será la tipología de lo que buscás. La multiplicación de resortes, líneas de fuga, policromías de pantallas te propulsan al espacio anónimo de la red para conocer a alguien sin hacer el esfuerzo de vestirte para la ocasión. Y lo que conocés primero: al perfil subido por su narcisismo, a su avatar que vive en el abrir y cerrar de pestañas, a las fake news que lo/la calumnian alejándolo de tu consideración.

La acción de estoquear. Existimos en la red, fragmentos de múltiples existencias viven contemporáneas a nosotros, en el tiempo del dataísmo, del Homo selfie. Estoqueamos al otro y nos estoquean a nosotros. El perfil, el avatar, la identidad virtual resuenan y se despegan al infinito. Inquietante, dirán algunos. Eso que testimonian las redes sobre ti, ¿será algo de tu vida? ¡No serás tú quién lo diga, está ahí! Estoquear antes de conocer.

Del verbo inglés to stalk que se pronuncia stôk, para nuestra cultura tiene muchas acepciones: la graduación que va desde “estar atento” hasta el abuso, el chantaje, el acoso, en esgrima italiana se estudia y práctica la técnica del estoque que se popularizó en Europa desde el siglo XV hasta nuestros días. Otros significados nos remiten a la acción del matador que con sus estoques hiere y mata al toro en las corridas públicas. Y otro significado más, ligado a la práctica del comercio: el stock. Cuando nos falta un producto vamos al mercado y nos estoqueamos. Se trata del inventario de lo que falta, la existencia de un producto que se comercializa y una acción para ir a comprarlo con alguna forma de pago.

Estoquear es una palabra que no resulta sencilla explicar pero algo la identifica: lo filoso, tanto el estoque del matador, como la espada del esgrimista, como la falta de un producto, como el aviso para que el otro sepa que es observado resultan acciones filosas, cuyos resultados tienen consecuencias, marcan indefectiblemente a las pulidas pantallas con nuestra presencia. Se trata de tirar estoques en la red para que el otro/otra le pase algo, quede anoticiado, prendido, clavado, enfilado, reencontrado, avisado de que estamos ahí observándolo y que responda; debe responder, en lo posible, rápido.

Estoquear es una palabra muy utilizada en la comunidad (se la suele pronunciar “estalquear”). Puede significar: acosador pero también todo lo contrario: aquel que intenta (re)conocer a alguien, simplemente “estar interesado”. Estoquear es seguir las publicaciones, compartirlas, puntuar con un like, observar las fotos y descripciones (edad, estado civil, profesión, inclinaciones). Se reconoce al otro antes de conocerlo o como medida preventiva para saber quién nos pide amistad y/o porque nos interesa saber más de esa persona. Estoquearlo, seguirlo en la red, en un espacio público, no es espiarlo. Estoquear y ser estoqueados, la voz activa y voz pasiva, te miro y me mirás, no significa nos miramos, una acción sigue a la otra.

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El estoqueo hace el bien y el mal, nadie lo controla, se habla de que internet es el colmo de la libertad individual y que propugna la ideología capitalista neoliberal. ¿Cómo podrían ser ambas cuestiones al mismo tiempo? Los resultados están a la vista; sin cabeza ni coordinación se producen y reproducen miles de miradas que llevarán tanto a conocernos como a la viralización del mal.

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Bienvenidos al tiempo del Homo selfie. Lo viral y lo bacterial pueden ser calumniosos pero no nos olvidemos que la mayoría de las veces su objetivo es simplemente perder el tiempo. Las series que tan famosas se han vuelto estos últimos años están muchas de ellas pensadas para perder el tiempo, las escenas se alargan, los conflictos se alargan, el final se vuelve siempre un recomienzo. Y si son exitosas, no dudes de que harán una nueva temporada. Hasta que la cosa de vergüenza. No hay final. Igual que los perfiles que dan vueltas por el mundo sin que haya tantos seres humanos respirando para mantenerlos vivos.

Martín Smud es psicoanalista y escritor. Este texto es un fragmento del libro Homo selfie, con la participación de Rudy (Editorial Letra Viva) de próxima aparición.

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