Sociedad

La familia que decidió terminar junta el colegio secundario

Juan Pablo portó la bandera y sus papás, Pabla y Juan Manuel, lo escoltaron en el acto de fin de ciclo de una escuela en Misiones. Los tres terminaron el año con promedios superiores al ocho.

El hijo es el mejor alumno del curso: su promedio general asciende a 8,81. La madre tiene 8,44 de promedio y el padre, 8,19. Juan Pablo, de 18 años, se consagró como abanderado. Sus padres fueron los escoltas en el traspaso de la bandera argentina de alumnos del tercer año de la modalidad EPJA (Educación Permanente para Jóvenes y Adultos) a estudiantes de segundo año. La familia recibió el honor de portar la insignia patria durante todo el ciclo lectivo 2020.

Pabla no recuerda qué edad tenía cuando dejó los estudios. En cambio, Juan Manuel terminó séptimo grado en una escuela nocturna. La secundaria no la había empezado. Vivía en Buenos Aires y a los doce años ya estaba trabajando. Se enamoraron cuando Pabla visitaba a sus familiares porteños, vecinos de Juan Manuel. Desde hace quince años viven en la capital de Misiones con Juan Pablo y sus dos hermanos: Agustín, de 21 años, que estudia Recursos Humanos, y Franco, de 19, que asiste a una escuela de teatro.

Juan Pablo terminó la escuela primaria en el colegio del Hospital Infantil Dr. Ricardo Gutiérrez. Su familia vivió un año entero en la Ciudad de Buenos Aires para acompañar su tratamiento oncológico. Se sometió decenas de sesiones de quimioterapia y tres intervenciones quirúrgicas. La génesis de su enfermedad fue un golpe en su rodilla derecha mientras estaba jugando al fútbol: tenía, por entonces, once años. Le dijeron que era un esguince y le indicaron el uso de una rodillera.

La molestia perduraba: el golpe había descubierto una afección compleja. Le hicieron una biopsia por punción para develar el origen del dolor. El diagnóstico fue osteosarcoma, el tipo de cáncer de hueso más frecuente. Los médicos le informaron que corría riesgos de perder las piernas. Atravesó el proceso de quimioterapia con angustia: rechazó la primera prótesis, tuvo una infección feroz y dos cirugías posteriores. Volvió a instalarse en Posadas. Empezó la secundaria en la tecnicatura diurna de la EPET 36° hasta que una recaída lo obligó a presentarse de nuevo en el Hospital Gutiérrez.

Su vida hoy es normal. Se realiza controles periódicos en traumatología y cumple con los ejercicios de kinesiología. Presenta una discrepancia en sus piernas por lo que debe usar un zapato especial. Volvió al colegio. Tiene 18 años y cursa segundo año en la modalidad EPJA. Cobró vigor su decisión de retomar los estudios gracias el impulso y el estímulo de sus padres, sus compañeros de aula.

Los alumnos viven a diez cuadras del colegio. Van y vienen juntos en el taxi que maneja el padre y que sirve de sostén para la economía familiar. En el curso, los padres se sientan juntos, pero Juan Pablo suele cambiar de compañero de banco. “Volver a clases después de treinta, cuarenta años de dejar el colegio es difícil. Pero no es imposible, se puede. Tuvimos mucha ayuda del colegio, de los vecinos y fundamentalmente de mi hijo”, dijo su madre.

A veces, cuando están cenando, Juan Pablo les explica lo que sus padres no comprendieron en clase.

Mérito: Milton Del Moral (Infobae)

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