Por Daniel Spadone

No es que no se llegue a fin de mes, sino que le sobra mes al sueldo

La Argentina parece vivir en loop: mientras los funcionarios declaran millones, la gente revuelve basura. El tango ya no es nostalgia, es crónica diaria.
La Argentina parece vivir en loop: mientras los funcionarios declaran millones, la gente revuelve basura. El tango ya no es nostalgia, es crónica diaria.

Miro alrededor y mis amigos asalariados para el día 15, el sueldo se les desvanece como reloj de arena.

Como en el tango de Canaro, popularizado por la Merello en 1933: ¿Dónde hay un mango viejo Gómez? Una pregunta desesperada, una postal de crisis que la Argentina reedita con fervor cíclico.

Los tangos quizás pasen de moda por el género, pero sus letras envejecen bien.
Podrían cantarlas Lali o Trueno y sonarían actuales.

Porque, seamos sinceros, lo que cambia es el beat, no el hambre.

El presidente Milei volvió a negar la realidad. Y la pregunta que subyace es simple: ¿es o se hace?

La crueldad no está sólo en los hechos, sino también en las palabras: “Si no se llegara a fin de mes, habría cadáveres en las calles.”

Una frase de circo: Señores, pasen y vean.

Salga del palacio, Presidente, y camine Lavalle y San Martín. Dése una vuelta por Corrientes y 25 de Mayo cuando baja el sol y vea.

El paisaje es demoledor: gente durmiendo en cada ochava, ya sin refugio ni siquiera en los cajeros automáticos (los cierran con llave). Revuelven los contenedores de basura, aunque tal vez ya no lo hagan más: seguramente leyeron el Boletín Oficial y vieron la nueva normativa del Macri negro —pero de guantes blancos—, el primo de Mauricio, hijo de Franco. Qué árbol genealógico: ni el de Pablo Escobar es tan turbio.

Los genios de la maldad y la ignorancia acaban de imponer una multa de 900 mil pesos a quien ose revolver basura.

Tal vez, si la ofrecen en 12 cuotas sin interés, puedan pagar esa erogación.

El Prescindente —no es error de tipeo— mira alrededor, pero es difícil que entienda. Sus ministros sí llegan a fin de mes.

Werthein, Canciller, declaró 92.056 millones de pesos.

Cúneo Libarona, Ministro de Justicia y vendedor de impunidad a domicilio, 18.089 palos.

Caputo, Ministro de Economía, 11.800 millones… en el exterior. Qué confianza la del timonel económico, que guarda el tesoro lejos del barco.

Pero todo marcha según los cálculos: hacer lo mismo que Macri, pero más rápido.
Y ojo, no digamos que no nos lo dijo.

Lo llamativo es que aún se dice que tiene 50 por ciento de aceptación. Será que ando por barrios del otro 50%, porque no encuentro a nadie que festeje lo bien que le va. Aunque, convengamos, no almuerzo con banqueros, ni con aseguradoras, ni con Magnetto. No tomo cafecito en la Bolsa ni hago after office con operadores de cripto.

Lo mío es más simple: paseo por el Alto Palermo, donde hay gente deambulando, pero sin bolsitas en la mano.

Miran vidrieras como si fueran museos de cosas inalcanzables. La ñata contra el vidrio.

Tomo un café en San Telmo que cuesta lo mismo que en la Torre Eiffel. Veo pasar los micros turísticos, esos de techo abierto: vacíos.

Paso por la carnicería y veo bajar media res cada cinco días. Escucho a los chicos en la oficina hablando de cumpleaños que se festejan al mes siguiente. No por superstición, sino porque no pueden poner cuatro lucas entre doce para una torta después del día 20.

Mientras tanto, el equipo económico, con el presidente a la cabeza, juega a los muñequitos en un stand up con Fantino.

Celebran como si fuera el gol de Diego a los ingleses que llegaron 2.000 palos verdes de deuda a sola firma. ¡Campeones del ajuste!

Menos mal que está el tango.

Que está el Polaco con su garganta de arena, cantando Afiches:

Cargándome otra vez la cruz…
Cruel en el cartel, te reís, corazón…

DAN GANAS DE BALEARSE EN UN RINCÓN.

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