La histórica marca argentina Lumilagro resolvió dejar de fabricar en el país sus tradicionales termos de vidrio y pasar a importarlos desde China. La decisión impacta en la planta de Tortuguitas, donde durante décadas se produjo uno de los productos más asociados al ritual del mate en Argentina.
Aunque la fábrica continúa abierta, actualmente no se encuentra produciendo. La empresa sigue comercializando termos provenientes del stock que se fabricó durante la pandemia o unidades importadas, mientras avanza con el nuevo esquema de abastecimiento desde el exterior.
El cambio en la estrategia productiva también tuvo consecuencias en el empleo. De los 220 trabajadores que la empresa tenía en 2022, hoy quedan cerca de 50 empleados directos, mientras que la estructura total, incluyendo puestos indirectos, ronda las 100 personas. En su momento de mayor actividad, cuando la planta funcionaba de manera continua, la compañía llegó a generar hasta 300 puestos de trabajo.
La empresa fue fundada por Eugenio Suranyi y actualmente es dirigida por la cuarta generación de las familias Nadler y Suranyi. Su director ejecutivo, Martín Nadler, explicó que la decisión estuvo influida por el crecimiento del contrabando y por la competencia de productos importados en el mercado local.
Según detalló el empresario, en Argentina se venden alrededor de cuatro millones de termos por año, pero una cantidad similar ingresaría al país desde Paraguay y otros pasos fronterizos de manera irregular. “Son termos tóxicos y truchos”, afirmó Nadler al referirse a esos productos que compiten con la producción formal.
Tras apagar su horno en 2023, Lumilagro reorientó su negocio hacia el diseño de termos de acero en Argentina y su fabricación en China. En el país la empresa mantiene tareas vinculadas al diseño, control de calidad y personalización de productos, con estampados de clubes de fútbol y distintas marcas.
El directivo también advirtió que el contrabando se incrementó en los últimos años y estimó que uno de cada cuatro termos que se venden en el país podría ser tóxico, una proporción que casi duplica los niveles históricos registrados en el mercado.