Una joven que trabaja como profesora de inglés freelance contó que su novio, actualmente sin empleo, le pidió entre 90.000 y 100.000 de pesos para salir a festejar el cumpleaños de un amigo. El planteo generó su rechazo y motivó un descargo donde dejó en claro su malestar con la situación.
Según relató, el pedido fue directo y con promesa de devolución. “¿Me podrás pasar 90.000 o 100.000 para pagar la mesa? Y después te lo vuelvo”, le dijo el joven, en un contexto en el que, según ella, ya venía dependiendo de sus ingresos.
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La protagonista explicó que no tiene problemas en ayudarlo en situaciones puntuales, pero marcó un límite frente a este tipo de gastos. “No me molesta pagar una merienda, pero otra cosa es cubrir la mesa de un boliche con sus amigos”, sostuvo al diferenciar entre apoyo ocasional y pedidos que considera excesivos.
Además, señaló que su pareja no muestra intención de cambiar su situación laboral. Contó que le propuso alternativas para generar ingresos, como invertir ahorros o buscar trabajo online, pero que no hubo respuestas concretas ni interés en avanzar con esas opciones.
En su descargo, la joven expresó su cansancio y dejó un mensaje claro. “No me vengas a pedir a mí la plata, no sé qué hacer, me tiene harta esta situación”, afirmó, planteando que el conflicto ya dejó de ser un hecho aislado para convertirse en un problema recurrente dentro de la relación.