Por Marcelo Pacifico

El problema de abrirse sin una estrategia

La discusión sobre la apertura económica vuelve al centro del debate, con el foco puesto en el impacto sobre la industria, el empleo y el desarrollo productivo del país.
La discusión sobre la apertura económica vuelve al centro del debate, con el foco puesto en el impacto sobre la industria, el empleo y el desarrollo productivo del país.

Abrirse al mundo sin una estrategia puede abaratar productos, pero también vacía fábricas, debilita el empleo y deja al país sin herramientas para crecer.

En Patear la escalera, el economista surcoreano Ha-Joon Chang revisa la historia de los países hoy desarrollados, Inglaterra, Estados Unidos, Alemania, Francia y naciones del sudeste asiático, y encuentra un patrón común: todos protegieron sus industrias nacientes, subsidiaron sectores clave y utilizaron al Estado como herramienta de desarrollo. Subieron por una escalera que luego retiraron.

Mientras tanto, en la Argentina vuelve a asomar una apertura rápida, sin estrategia productiva, en un contexto global muy distinto, con China consolidada como potencia industrial y con Estados Unidos defendiendo su producción cuando la competencia aprieta.

La apertura indiscriminada ofrece una promesa simple: precios más bajos. Y es cierto, en el corto plazo puede aliviar. Pero si el costo es la pérdida de empresas, de empleo argentino y de capacidades productivas, la ecuación cambia. Lo barato sale caro.

El dilema no es apertura o cierre. Es más exigente: una apertura inteligente. Integrarse al mundo con criterio, cuidando sectores estratégicos y defendiendo puestos de trabajo.

Claro que la protección no puede ser permanente. Aranceles y barreras pueden ser herramientas válidas, pero como puente, no como refugio: dar tiempo para invertir, mejorar la productividad y competir. Sin ese horizonte, la protección estanca. Sin ese resguardo inicial, la apertura arrasa.

La Argentina tiene una vocación histórica por la igualdad y la inclusión. Sin un rumbo productivo claro, esas aspiraciones se vuelven cada vez más difíciles de sostener.

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