Nadia Espíndola tiene 27 años y recorre entre 16.000 y 20.000 kilómetros mensuales al volante de un camión, después de haber enfrentado varios rechazos para ingresar al rubro en Argentina. La joven misionera actualmente conduce un Scania 420 con batea y transporta piedras y arena desde una cantera de Ibicuy, Entre Ríos, hasta Añelo, en Vaca Muerta.
Su acercamiento a los camiones comenzó a los 23 años, cuando acompañaba a su entonces pareja durante sus viajes y aprendió a conducir. Sacó el carnet profesional y decidió convertir esa experiencia en su trabajo, aunque inicialmente ninguna empresa argentina le dio una oportunidad porque le reclamaban experiencia previa.
Su primer empleo como camionera llegó finalmente desde Brasil en 2024. Allí comenzó a realizar viajes internacionales y recorrió rutas de Brasil, Chile, Uruguay y Argentina, con largas estadías fuera de su casa y noches en estaciones de servicio, estacionamientos y aduanas.
Hace tres meses consiguió incorporarse a una compañía argentina y su rutina cambió considerablemente. Puede manejar hasta 12 horas diarias y convirtió la cabina en su espacio cotidiano: “Yo la ordeno como una casa”, explicó sobre el lugar donde come, duerme y descansa durante semanas.
El cambio profesional también significó una importante mejora económica. “Gano tres veces más que en mi anterior trabajo, cuando trabajaba en gastronomía”, contó, aunque reconoció que permanecer tanto tiempo lejos de sus seres queridos es el aspecto más difícil de la actividad.
Nadia no pretende pasar toda su vida trabajando bajo ese ritmo y ya piensa en su próximo objetivo. Su proyecto es aprovechar la experiencia acumulada para cumplir un sueño que mantiene desde hace años: crear su propia empresa de transporte y tener una flota de camiones.