Shoji Morimoto fue despedido en 2018 después de que su jefe le dijera que no aportaba nada y que daba lo mismo si asistía o no a trabajar. Lejos de abandonar aquella idea, el japonés decidió llevarla al extremo y comenzó a ofrecerse a desconocidos como una persona de alquiler cuya tarea consiste simplemente en estar presente.
El servicio creció hasta convertirse en su principal fuente de ingresos. Morimoto, de 41 años, acumula más de 4.000 sesiones y cobra entre 10.000 y 30.000 yenes, unos USD 63 a USD 191, por encuentros que generalmente duran entre dos y tres horas.
Los pedidos pueden ser tan sencillos como acompañar a alguien mientras come, trabaja o pasea. También estuvo presente durante la firma de un divorcio, realizó videollamadas con personas aburridas y hasta pasó 17 horas consecutivas viajando en tren porque un cliente quería compañía durante todo el recorrido.
La fidelidad de algunos usuarios también sorprende. Cerca de una cuarta parte de quienes recurren a Morimoto repiten el servicio y una misma persona llegó a contratarlo 270 veces, mientras que actualmente recibe alrededor de mil solicitudes por año.
Con el tiempo, el japonés convirtió la idea en una ocupación con la que sostiene a su esposa y a su hijo. También publicó Rental Person Who Does Nothing, un libro sobre sus experiencias que, fiel a la filosofía de su negocio, tampoco escribió personalmente, sino que encargó a profesionales a partir de conversaciones con él.