A los 36 años debutó en la Primera de AFA después de seis meses de preparación. Pasó por distintos clubes, defendió el arco de Tigre y hoy transita una nueva etapa en Atlas, donde también se desempeña como entrenadora de arqueras. Su historia refleja una pasión que nunca se apagó y el recorrido de una jugadora que conoce de primera mano las dificultades que atraviesa el fútbol femenino.
Patricia Flores, conocida como Pato, encontró en el fútbol mucho más que un deporte. Nacida en General Rodríguez, su vínculo con la pelota comenzó a los 12 años, cuando se acercó a una escuelita que funcionaba en una sociedad de fomento cercana a la casa de sus abuelos. Allí nació una pasión que, aunque tuvo una pausa de dos décadas, terminaría llevándola a competir en el fútbol de AFA.
Durante su juventud, Flores jugó al fútbol y disfrutó de ese mundo que la acompañaba desde chica. Sin embargo, al formar una familia, estuvo alejada de las canchas durante aproximadamente 20 años. El regreso llegó de manera inesperada, a través de su hija, que también practicaba ese deporte y necesitaba una arquera para su equipo.
“Necesitamos una arquera, ¿por qué no venís y probás de vuelta?”, fue la propuesta que la motivó a retomar la actividad. Así llegó a Unión y Progreso, un club de barrio de General Rodríguez, donde recuperó el contacto con el fútbol y comprobó que aquella pasión seguía intacta.
Un debut a los 36 años
La oportunidad de dar un salto llegó con una prueba en Atlas, que buscaba conformar su equipo femenino para competir en AFA. Flores se presentó sin experiencia en el fútbol de once, ya que hasta ese momento había jugado prácticamente en canchas de dimensiones reducidas.
Quedó seleccionada y comenzó un período de preparación de seis meses bajo la conducción de Marcelo Sánchez, quien la ayudó a incorporar los fundamentos específicos del puesto. Ese proceso le permitió cumplir un objetivo que parecía lejano: debutar en el fútbol de AFA a los 36 años.
“Fue una experiencia increíble. Yo no sabía hasta dónde podía llegar mi cuerpo, la resistencia que tenía, hacer pruebas físicas que nunca había hecho”, recordó sobre aquellos primeros entrenamientos.
Una de las vivencias que más la marcó fue entrenar junto a los arqueros del plantel masculino de primera división. Allí compartió las prácticas con jugadores de entre 20 y 24 años, mientras daba sus primeros pasos en el fútbol profesional.
“Para mí era: ‘¡Wow! Yo puedo estar entrenando con un arquero de primera división teniendo 36 años’. Eso me motiva más a seguir”, contó.
Lejos de vivir aquel debut con temor, Flores asegura que siempre disfrutó de jugar bajo los tres palos. Los nervios, reconoce, aparecen solo en ocasiones puntuales, cuando el equipo defiende una ventaja en los últimos minutos. El resto del tiempo, mantiene la atención puesta en el partido.
Un recorrido que la llevó por distintos clubes
A partir de su llegada a Atlas, Pato construyó una trayectoria que incluyó pasos por Deportivo Morón, Fénix de Moreno, Argentinos Juniors, Tigre y Flandria, además de su experiencia en Atlético General Rodríguez, donde compitió en la Liga Mercedina.
En Fénix, recordó, integró un equipo que terminó invicto, aunque no pudo conseguir el ascenso tras disputar la final. Con Atlético, en tanto, participó de la Copa Igualdad, una competencia que le permitió sumar nuevas experiencias, representar a su ciudad y coronarse campeona.
Su etapa en Tigre también dejó una huella especial. Más allá de los resultados deportivos, Flores destacó el acompañamiento de sus compañeras, los entrenadores y la gente que sigue al equipo femenino.
Incluso después de dejar el club, el cariño permaneció. Al regresar para enfrentar a Tigre con otra camiseta, recibió el aliento de hinchas que la reconocieron desde detrás del arco.
“Me decían: ‘Pato, te queremos, te bancamos’. Para mí es un momento muy lindo porque estoy jugando en contra del club que ellos están apoyando y, sin embargo, sigo teniendo ese cariño”, relató.
Para ella, ese reconocimiento es uno de los recuerdos más valiosos de su trayectoria, porque representa la posibilidad de construir vínculos que trascienden los colores que le toca defender en cada etapa.
El regreso al fútbol y una nueva oportunidad en Atlas
Después de su paso por Tigre y de su experiencia en Atlético General Rodríguez, Flores llegó a pensar que su ciclo en el fútbol de AFA había terminado. Sin embargo, apareció una nueva oportunidad cuando Flandria comenzó a conformar su plantel femenino para competir en el torneo de Primera C.
Varias de sus compañeras de Atlético buscaban continuar jugando en AFA y se acercaron a probarse en Flandria. En ese contexto, surgió la necesidad de incorporar una arquera. La propuesta le permitió volver a competir en el ámbito nacional durante una temporada más.
“Es como que te pica el bichito de decir: ‘Bueno, creo que puedo un año más’. Y acá estoy, un año más”, expresó.
Hoy, Flores transita una segunda etapa en Atlas, que compite en la Primera C del fútbol femenino, con una particularidad: además de defender el arco, también es la encargada de entrenar a las arqueras del plantel.
De aprender a enseñar: la importancia de formar arqueras
Su experiencia dentro de la cancha le permitió identificar una de las dificultades que, según considera, todavía enfrenta el fútbol femenino: la falta de formación específica para quienes eligen ocupar el arco desde edades tempranas.
Flores explicó que, históricamente, muchas niñas comenzaron a jugar al fútbol con la intención de hacer goles, sin que se promoviera de la misma manera la preparación de arqueras. Esa situación, señaló, genera dificultades técnicas que luego deben trabajarse durante la adolescencia o incluso en la adultez.
“Hay que entrenar de chiquita. Es difícil de grande”, resumió al referirse a los movimientos específicos del puesto, como las caídas, las salidas, las tomas bajas y el posicionamiento.
Esa mirada también se relaciona con su experiencia personal. Aunque contó con entrenadores de arqueros en los distintos clubes por los que pasó, considera que muchas veces faltó una enseñanza más detallada sobre las situaciones de partido, la ubicación y la toma de decisiones.
Hoy intenta transmitir aquello que le hubiese gustado aprender durante sus primeros años. Como entrenadora, trabaja con arqueras jóvenes y busca que incorporen desde temprano los fundamentos del puesto.
Sin embargo, su doble función en Atlas plantea un desafío: mientras enseña a sus compañeras, debe encontrar la manera de entrenarse a sí misma. En ese proceso, reconoce que le falta una mirada externa permanente que pueda corregir sus errores.
Las desigualdades que todavía persisten
A lo largo de su carrera, Flores conoció distintas realidades institucionales. Si bien destacó el apoyo que recibió en Tigre, también recordó las desigualdades que existen entre los clubes, desde la falta de indumentaria adecuada hasta las dificultades para acceder a espacios de entrenamiento.
En Atlas, explicó, el equipo recibe ayuda del municipio para cubrir gastos como el transporte y la seguridad. Aunque reconoce que se ha avanzado en el acompañamiento al fútbol femenino, considera que todavía queda mucho por mejorar.
Una historia que sigue escribiéndose
Tras retomar el fútbol después de aproximadamente 20 años y debutar en AFA a los 36, Flores continúa defendiendo el arco de Atlas y formando a nuevas arqueras. Su historia refleja que la pasión no tiene fecha de vencimiento y que, incluso cuando parece que todo terminó, siempre puede surgir otra oportunidad para comenzar de nuevo.