El mindfulness es una práctica milenaria, pero además la tercera ola de la psicología. "Tiene más de 5000 años como ejercicio espiritual, pero evidencia neurocientífica desde 1970", asegura Christian Plebst, médico psiquiatra y director de la Academia de Enseñanza Consciente en Latinoamérica. Y así define el término en castellano: "La atención plena es estar presente, con atención deliberada, tanto al mundo exterior como a los pensamientos, emociones y sensaciones que se van generando dentro de uno, con una actitud amable y bondadosa hacia uno mismo y hacia el otro".
–Es decir, ¿no estresarse con los problemas?
El mindfulness a veces se confunde con no reaccionar o no juzgar. Pero no tiene que ver con eso. La mente juzga. Sin embargo, nosotros podemos aprender a observarla. Saber que tenemos pensamientos, pero que no somos sólo esos pensamientos. A medida que practicamos la atención plena, nuestros pensamientos se determinan mucho más por cómo nos sentimos.
Con la práctica puede convertirse en una manera de ser, de tomarse la vida. Es una herramienta para ver lo exterior, pero además tener una mirada interna sobre aquello que estamos viviendo. Hoy sabemos que el 90% de las personas tiene pensamientos negativos hacia uno mismo como la escasez o la incapacidad.