Sociedad

Centennials ermitaños: Jóvenes que se obsesionan con el aislamiento social

La cuarentena preventiva, impuesta para afrontar la actual pandemia de coronavirus, expuso a millones de jóvenes al mayor experimento social en muchas décadas: permanecer encerrados en sus hogares por semanas e incluso meses. Esta realidad modifica las prácticas de sociabilización de los más jóvenes que se acostumbran rápidamente al contexto de aislamiento.

En este marco, donde llevamos casi dos meses de confinamiento forzado, existe un numeroso grupo de personas que empiezan a acostumbrarse al aislamiento. Asimismo, muchos permanecerían en sus apartamentos de forma voluntaria si se les permitiera salir.

Para Maximiliano Martínez Donaire, psicoanalista y exsecretario científico de Asociación Psicoanalítica Argentina, hay distintas maneras de vivir y de atravesar la situación de aislamiento como la que estamos obligados a vivir la mayoría de las personas en el mundo. Estas reacciones van a depender en gran medida de las características de cada persona y del contexto grupal en el que se encuentre en ese momento. Cuando los seres humanos nos enfrentamos a situaciones muy restrictivas, ciertamente se ponen a prueba nuestra capacidad y nuestras herramientas subjetivas para dar respuesta y poder lidiar con ellas”, aseguró el experto.

El aislamiento social nos expone a los seres humanos en distinta medida a una puesta a prueba de nuestros recursos internos, de nuestra capacidad para lidiar con la ansiedad, la incertidumbre y la angustia, y ciertamente nuestra capacidad para sostener los vínculos con los demás sin la presencia física.

“El acomodamiento demasiado dócil al confinamiento da cuenta de otras patologías. En realidad, los jóvenes que se confinan lo hacen por angustia al exterior. El encierro es la expresión más visible de una patología en relación al contacto con los otros y con el exterior. El confinamiento tiene disfraz de voluntario, pero en realidad busca disimular el terror y la dificultad que tienen las personas para enfrentarse con el mundo exterior”, sostuvo en diálogo con el medio Infobae, Jorge Garaventa, psicólogo y miembro de la Federación de Psicólogos de la República Argentina.

Sin embargo, para el especialista "es necesario diferenciar el aislamiento obligatorio de lo que es una decisión voluntaria de encerrarse”.

Para los expertos, el encierro y el confinamiento de los jóvenes es el síntoma visible de otro tipo de cuestiones conflictivas. “Las personas que tienden a aislarse padecen menoscabo de personalidad, tienen serias dificultades para comunicarse con los demás, son tímidos, introvertidos, y en todo caso, el confinamiento los protege del riesgo que les genera tener que enfrentarse con los demás”, agregó Garaventa.

La pandemia puso en evidencia que los adolescentes pueden tener esa necesidad o decisión de aislamiento, siempre y cuando tengan una ventana de salida. En relación a esto, un tema controvertido es la influencia aislante de la tecnología moderna. Un factor que se discute regularmente es el papel de la tecnología como Internet, las redes sociales y los videojuegos, que ya son fuente de debate polémico en la investigación sobre salud mental.

Para Agustina Fernández, psicoanalista especialista en adolescentes y miembro de la APA, entre las conductas típicas de las adolescencias contemporáneas, se puede observar que los jóvenes pasan muchas horas en su cuarto, a puertas cerradas, conectados con distintos aparatos en la virtualidad del mundo de Internet y desinteresados de las actividades familiares. “Un comportamiento tal, llevado al extremo, conforma un síndrome en el cual, el joven se recluye y aísla de forma tal que pierde contacto con los demás, permaneciendo días enteros sin salir de su habitación. El joven transita por un estado anímico apático, con desánimo, tristeza, que impresiona como depresivo”, expresó.

Los juegos de computadora han reescrito la naturaleza del juego virtual, dice, y los niños pasan cada vez más tiempo en entornos virtuales controlados en lugar del mundo real impredecible. Al mismo tiempo, Internet, los teléfonos inteligentes y las redes sociales han hecho que el contacto indirecto en lugar de cara a cara sea mucho más común.

La pandemia de COVID-19 no solo ha amenazado la salud física de millones, sino que también ha causado estragos en el bienestar emocional y mental de las personas en todo el mundo. Los sentimientos de ansiedad, impotencia y dolor aumentan a medida que las personas se enfrentan a un futuro cada vez más incierto, y casi todos han sido afectados por la pérdida.

Al respecto, Santiago A. Levín, médico especialista en psiquiatría, presidente de la Asociación de Psiquiatras Argentinos, explicó en diálogo con Infobae: “Muchos de nosotros consideramos esencial declarar que la mayoría de los sentimientos y vivencias ‘cuarentenales’ son normales. La bronca, incluso la furia, la frustración, la angustia, la ansiedad, algo de insomnio, la desorientación acerca del futuro y los proyectos, el desánimo, la aparición de nuevas conflictivas vinculares… son todas posibilidades dentro de lo que podríamos llamar normalidad. Por supuesto, las personas que padecen trastornos mentales son más susceptibles a empeoramientos en situaciones tan estresantes como la actual. Pero no en todos los casos".

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