Con apenas 12 años, la rosarina Lara Ghione logró algo que muy pocos chicos de su edad pueden contar: se graduó en una carrera universitaria. En diciembre de 2025 completó la Diplomatura en Community Management de la Universidad Abierta Interamericana (UAI), una formación que la capacita en estrategia digital, creatividad y gestión de contenidos para marcas y organizaciones.
La joven rindió los exámenes finales como cualquier otro estudiante, incluso frente a un jurado, y aprobó todas las instancias del programa. “Ya rendí y me recibí”, contó con naturalidad en una entrevista, donde también recordó que la experiencia le permitió conocer compañeros de distintas partes del país, como Neuquén y San Juan.
El caso de Lara llamó la atención desde muy temprano. Nació con Altas Capacidades Intelectuales y TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad) y tiene un coeficiente intelectual de 132, muy por encima del promedio nacional. Desde bebé comenzó a mostrar señales de su desarrollo cognitivo acelerado.
A los tres meses se sentaba sola, a los seis meses ya decía “mamá” y “papá”, y al cumplir un año armaba oraciones completas. A los dos años ya hacía preguntas sobre política e historia, mientras que a los cuatro leía cuentos de manera autónoma. Ese avance, sin embargo, también le generó dificultades en el sistema educativo tradicional.
Durante su etapa escolar fue rechazada por cinco colegios y en algunos momentos quedó apartada de cursos porque sus conocimientos estaban muy por delante de los contenidos de la clase. Actualmente cursa séptimo grado en la escuela Biró de Fisherton, donde continúa su educación formal.
La historia de Lara también está atravesada por desafíos personales. Según relató su familia, durante su infancia sufrió bullying y aislamiento por ser considerada “diferente” por algunos compañeros. Esa situación derivó en momentos complejos a nivel emocional, aunque con el acompañamiento familiar logró superar esa etapa.
A pesar de su rendimiento académico, Lara insiste en que no quiere ser vista como un prodigio. “Soy una nena de 12 años”, afirmó en distintas entrevistas, marcando que más allá de sus capacidades intelectuales intenta llevar una vida similar a la de cualquier chica de su edad.
Hoy reparte su tiempo entre la escuela, la danza, el canto y la creación de contenidos en redes sociales, donde explica qué significa ser neurodivergente y cómo procesa la información. En uno de sus mensajes resume su experiencia con una frase que la define: “Mi cerebro no sigue el mismo camino que la mayoría, pero llega. Y a veces más rápido”.