El partido está en el segundo tiempo. El equipo juega en forma errática, sin sincronización, le cuesta meter goles y cuando los hace la ofensiva contraria y la propia los opaca. 

El reloj corre, no solo el electoral sino el de la gente que desde la tribuna y a los gritos putea, se enoja.

En el entretiempo no les alcanzó para el chori y la coca, compró solo el chori. Piensa como va a volver a su casa, porque si bien tiene la sube que es baratísima, tal vez el bondi no pueda cargar gas oil.

No obstante, sigue firme y empieza a gritar más fuerte que el técnico haga un cambio.

En el banco, inquieto, creativo, tiene al 10.

El mismo que cuando jugó lo hizo siempre bien... antes de Él para jubilarte tardabas dos años, se fue de la Anses y a los 30 días te jubilabas. Jugador de toda la cancha, en Tigre la rompió, lo dejó lindo, seguro, con infraestructura.

En la Cámara hace lo que mejor sabe, política, se sienta con todos, debate, negocia, arbitra, saca leyes.

Es el más preparado para los tiempos que corren, un 10 distinto.

Ya no solo lo queremos los propios, sino los ajenos con los cuales compartimos la tribuna local.

Pero también en off lo admiten los de la tribuna visitante. La política no se suicida y sabe que este tipo la acomoda, porque este es un problema de todos.

Hasta los medios lo empiezan a ver distinto, La Nación le dedica una página entera, la 11.

La tribuna pide que pongan al 10, conoce todo el campo de juego, lo pisó muchas veces, sabe cómo juegan los adversarios, a quien pasarle la pelota, como moverse.

Capaz de sentar en una misma mesa al Correcaminos y al Coyote, Caperucita y al Lobo, y acaso no es eso lo que pide la tribuna, consensos, diálogos, políticas de estado.

Alberto hace el cambio poné a Massa.

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